Un fin de semana, una bonita ciudad y cuatro amigos con ganas de pasárselo bien, creo que lo conseguimos. Era el último fin de semana de febrero de este año, de ahí las chaquetas, bufandas y caras de frío.
Entre los tres foráneos fui el primero en llegar. Como no podía ser de otra manera, Xabi me estaba esperando en el aeropuerto, los demás llegaban más tarde, así que decidimos esperar en la ciudad. Tras pasar por casa del patatero, fuimos a un restaurante que estaba debajo de su casa. Allí nos juntamos con más gente del ICEX, también de Extenda y de otras instituciones que no recuerdo muy bien. Habíamos ido a cenar y eso es lo que hicimos. Tras unas pilsner urquell Xabi y yo fuimos a recibir a los otros dos integrantes del cuarteto.
Increíble, Xabi había preparado una tortilla de patatas... no me lo creía pero bueno, es lo que les dio a comer a Pefe y Ale que todavía no habían cenado. A continuación carrusel de perritos rabiosos made in poland pero sin tabasco, aquello tenía visos de fracaso pero resultó genial, jajaja. Lo que vino después, salida nocturna, fiesta y un poco más de fiesta.
Ahh, casi se me olvida, os doy una muestra de como dormían juntitos El Mal y Bracitos la primera noche, supongo que esta gran foto no debía quedar en el fondo de la memoria de mi ordenador:
El próximo día nos dedicamos a ver un poco la ciudad, muy bonita, la plaza, el castillo, todo muy bien cuidado
Gran detalle, una taza del típico café de Praga que llegó a mis manos... era la hora de la siesta, había que tomar precauciones.
Al paso de un puente vimos esta especie de monumento-estatua, Xabi me comentó que tocarla daba buena suerte según una leyenda, sin dudarlo... la toqué, no sea que me caiga un tiesto a la cabeza y no sea por hacerle caso al patatero
En la siguiente están los tres tocando otra cosa y no es la zambomba, no se. Tal vez la de la suerte era la otra y El Mal me timó, no sería de extrañar... no tiene una buena idea!!!
Tras dar unas cuantas vueltas, visitar el castillo, una cafetería donde degustamos una tarta típica y merodear por el pueblo de Praga, volvimos al piso y nos preparamos para ir a cenar. Xabi, El Mal, patatamari o como le queráis llamar... nos iba a llevar a cenar a un restaurante típico checo.
Era curioso, la comida muy parecida a la que podemos encontrar en Polonia, de hecho los cuatro comimos codillo o golonka y la verdad es que estaba acojonado. Os explico: la golonka que nos sirven en Varsovia es muy grande... y que cada uno se pidiera una de esas, pues no se, no parecía que pudiéramos con todo... Por suerte, la de aquí era de un tamaño mucho más reducido, así que no hubo problemas.
Sobre la bebida, aquí las cervezas las sirven de otra manera. No las pides, sino que un camarero con una bandeja llena de jarras de cerveza, también llenas, va paseando y cuando te apetece una le haces una señal, se acerca, coges la jarra y te pone un palito en un papel para ir contabilizando cuantas lleva cada mesa. Es original, práctico y rápido, las esperas se reducen al siguiente paseo del camarero, que no para de andar en toda la noche.
Además había una especie de banda del restaurante, con un atuendo verde típico de la región que iba tocando el acordeón y amenizando la cena, fue divertido. Después de cenar volvimos al piso de Xabi, teníamos que darle un regalo, os cuento la historia.
Cuando Raúl y Alejandro vinieron a Varsovia de visita, fuimos a ver un mercado de la capital polaca. Allí vendían y creo que todavía venden, todo tipo de souvenirs antiguos, a veces de origen desconocido, otras veces no tanto. Objetos curiosos en general, desde gorros militares usados, hasta pin's de naranjito (compré uno por un zloty, menos de 25 céntimos), revólveres que no funcionan y en general artilugios de todo tipo. Allí, echando una ojeada, Raúl divisó una medalla... parecía como si fuera de unos juegos paralímpicos, por aquel entonces Xabi andaba con muletas tras sus lesiones y recaídas en la pierna... así que sin dudarlo mucho, preguntamos precio y nos lo agenciamos.
Tras unos meses, hemos llegado a Praga algunos de los integrantes de aquella visita al mercado y este era el mejor momento para hacer la entrega del valioso obsequio:
Tras esto y tras ver en internet que la Real había perdido 2-1 contra el Alavés, estos tres cabrones me dieron una nochecita... todo el rato cantando el himno del Alavés... bravo equipo albiazul... en fin, ¡¡¡qué coñazo!!!
Después de unos perritos rabiosos, volvimos a salir y fuimos a una discoteca de varios pisos, no estuvo mal... aunque la gente se desperdigó algo, tampoco demasiado, nos volvimos a encontrar al rato y la tónica general fue adecuada.
El próximo día, comer, despedirnos y dar una vuelta, aquí ya la despedida... cuando los tres que habíamos llegado... volvíamos a nuestros puntos de origen.

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